Internet
nació como una aplicación de seguridad
del departamento de defensa norteamericano. Una red
descentralizada siempre tiene muchos menos puntos débiles
que una red jerárquica. Pronto los investigadores
y expertos que la tuvieron a su alcance se dieron cuenta
del enorme potencial comunicativo de tamaña maraña
de nodos. El correo electrónico, para intercambiar
información, fue la primera gran killer application
de la Red. Llegó un momento en que éste
era el principal uso de Internet (que de hecho no recibiría
este nombre hasta 1983, cuando la red militar se separaría
de Arpanet para crear Milnet). Desde que se pusiera
en funcionamiento el primer nodo de Arpanet en 1969
(en la Universidad de California Los Angeles) hasta
que los militares se van en 1983, los avances técnicos
no cesan y, evidentemente, la gama de posibilidades
disponibles para los usuarios de esta Red es creciente.
Es posible utilizar remotamente ordenadores compartidos
y la gente se intercambia archivos, por ejemplo, pero
el correo electrónico, la comunicación
pura entre personas, sigue arrasando. Y el correo electrónico
es la primera aplicación de las redes que empieza
a ser utilizada también tempranamente fuera de
los núcleos científicos, militares o académicos,
primero a través de redes cerradas que no se
comunican entre sí y, más tarde, también
a través de Internet cuando los usuarios privados
tienen acceso a ella. Durante este primer periodo preWeb
empieza a generarse una notable cantidad de información
disponible de forma pública a través de
la Red. Solo que hay que encontrarla. Pero la tendencia
a abrir la información a todo el mundo, a hacerla
accesible, es creciente. Con el nacimiento de la World
Wide Web el fenómeno explota y se construye una
nueva Internet, la formada por toda la información
generada por los propios usuarios recién llegados.
En
estos momentos, los estudios más rigurosos (como
el de School
of Infomation Management and Systems,
How much information?,
que
recomendamos en la portada) indican que existen cerca
de 3.000 millones de documentos fácilmente accesibles
en Internet (visibles según los autores del estudio)
y otros 550.000 millones no conectados con nadie, de
forma que están accesibles pero para encontrarlos
hay que saber exactamente donde están (son invisibles).
Por documentos se entiende páginas web, de modo
que entre estos miles de millones hay mucha irrelevancia,
basura e inutilidad. Pero aún así queda
mucha información útil disponible. Y,
evidentemente, de entre toda ella, la referida al propio
medio, la que concierne a Internet, es de las más
abundante (ha sido la predominante durante los primeros
años de existencia de la WWW, y obviamente también
lo era en la época preWeb). Naturalmente, la
mejor fuente de información para los investigadore
de la Red es la propia Red.
Desgraciadamente,
sin embargo, la primera etapa de la WWW ha sufrido un
asalto procedente de la esfera comercial tan excesivo
y especulativo que se está empezando a generar
(interesadamente) una creencia general de que esta era
de contenidos regalados está llegando a su fin.
Es cierto, para la mayoría, las infraestructuras
montadas entorno a Internet son insostenibles si no
se concibe una forma de rentabilizarlas bien y rápido.
La multitud de redacciones montadas sobre la base de
conseguir unos ingresos publicitarios que no están
llegando como se preveía (esto va rápido
pero no tanto) o la infinidad de directorios de información
verticales u horizontales necesitan algo más
que visitas para sobrevivir. De este modo se está
empezando a hablar de la inminencia de los contenidos
de pago, y probablemente esta sea la única solución
para muchos. Pero no caigamos ahora en el error opuesto:
no todo va a ser de pago. Internet es un fenómeno
mucho más que comercial, aunque algunos hayan
parecido olvidarlo. La sociedad-Red que está
generando la tecnología tiene muchos más
planos, además del económico. Ha sido
así hasta ahora, y lo seguirá siendo sin
duda. Probablemente muchos intentarán moldear
Internet a su medida, y ciertamente algunos tienen poder
para hacerlo, pero el fenómeno es ya un fenómeno
social y depende de la sociedad en su conjunto para
evolucionar.
En
este sentido, Internet es y seguirá siendo fuente
de recursos informativos de primer orden para todos
de forma completamente abierta. Bien porque existan
individuos generosos con su trabajo particular, bien
porque esa, la difusión, y no otra, es la función
de muchos laboratorios o departamentos de investigación
de universidades y centros públicos, bien porque
simplemente a las empresas les interesa dar a conocer
sus investigaciones privadas. Especialmente en lo relativo
a la información sobre la propia Red, que es
la que nos interesa en netinformes.com. Es más,
no sólo existe y existirá un caudal ingente
de información profunda sobre Internet disponible
públicamente sino que, en ocasiones, algunos
de estos informes o estudios son impresionantes. En
efecto, tras el inmenso volumen de datos que conforma
la Red se esconden perlas increíbles. Están
ahí para que las recojamos y las aprovechemos.
No cuestan nada. A su lado tienen docenas de empresas
privadas de investigación de mercado que cobran
cientos de dólares por sus trabajos. Sin ellas,
el análisis de la Red no estaría completo.
Pero su esfuerzo comercial no debe ocultarnos la enorme
riqueza de ciberconocimientos que está a nuestra
disposición. A un clic de distancia. A cambio
de nada. Este es el verdadero poder de Internet.